
No desaparecí , sino más bien ,me obligué a alejarme un poco de las teclas y pantallas , porque absorben más tiempo del que deberían , así que , re-aprendiendo a construir una vida personal , arañé tiempo para que Perú me mostrase una de sus bonitas joyas , el Machu Picchu ,y lo hizo en un día soleado de catálogo, ya que lo más habitual es encontrarse con nubes y nieblas. No voy a malgastar tiempo en describirlo , sólo diré que es MAS , mucho MAS , de lo que pensé , pero en cualquier hay dos cosas más a resaltar que impactaron en mi sobre esas tierra: la gastronomía , y la gente .
Gente como Guillermina , que me hizo las maravillosas trenzas que veis en la foto , creo que ella aún no sale de su asombro , eran las 8 de la mañana de un Domingo , y como cada día , iba acomodando los artículos que vende en su paradita , souvenirs básicamente . Ella tiene un espacio muy céntrico en el pueblecito de MAchu Picchu, madruga bastante , como la mayoría de los peruanos , porque madrugan mucho ¡¡ ,bueno , en parte es porque el sol sale como a las 5 de la mañana , y eso que ahora es otoño. Los comercios en Perù tienen una tradición/superstición que desconocía, parece ser que la primera venta decide la suerte y fortuna del resto de ventas del día , así , que no se como se sentiría Guillermina , cuando a las 8 le pedí que me hiciera unas trenzas como las suyas , …., reía , y con timidez y cuidado las hizo, yo como una niña las disfruté el resto del día , y espero que su suerte fuera grande, aunque no vendía “hago trenzas” --porque a nadie se le ha ocurrido aún hacerlo-- el mío fue un acto espontáneo que sin duda alegró a Guillermina , y mucho más a mi por ser tan mis trenzas “tan auténticas”.
1 comment:
Viendo las fotos parece "más verdad" curioso, ¿no?
Besos.
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